“CÓMETE UN PANCITO”

jueves, agosto 28, 2008

La obesidad es la enfermedad crónica más prevalente de toda la población chilena. Afecta a un ocho por ciento en menores de seis años; 17 por ciento, en escolares de primer año básico; 33 por ciento en embarazadas; 28 por ciento en mujeres, y 23 por ciento en hombres adultos.

La prohibición en la venta y publicidad de la denominada “comida chatarra” o alimentos no saludables en los establecimientos educacionales, viene a “controlar” el mercado. Este mercado que debiera haber estado sometido hace muchos años a normas y estándares frente a los alimentos. Pero, por otra parte, no conseguimos nada con rotular los alimentos, si no se introduce la educación física en nuestro sistema educacional y no se actúa en prevención del interés común.

Es lamentable que se llegue a la instancia de prohibir, mediante una ley, la venta de alimentos no saludables, debido a la irresponsabilidad de nosotros los padres, al suplir la alimentación de los hijos, entregándole incluso hasta dinero, para que ellos se compren un paquete de papas fritas y una bebida como colación.

La obesidad, la hipertensión y la diabetes son enfermedades que se desarrollan con el tiempo quedando demostrado con la evidente epidemia por problemas de alimentación, alto consumo de azúcar y sal y, falta de actividad física.

Las cifras de obesidad, dan cuenta por otra parte, que el Ministerio de Educación, el de Salud y la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, han tenido un fracaso en su tarea de cautelar la salud nutricional de nuestras generaciones de recambio. Por eso es que exijo una reacción más efectiva, eficiente y con mayor “responsabilidad social”. Creo que se ha actuado con negligencia al no aumentar las horas de educación física mirándola, como una asignatura sin importancia que sirve sólo para subir las notas deficientes.

Esta iniciativa, obligará a los establecimientos educacionales, incluir en sus programas de estudios y en todos sus niveles de enseñanza, hábitos de una alimentación saludable y los efectos nocivos de una dieta excesiva en grasas, grasas saturadas, azúcares, sodio y otros alimentos, cuyo consumo en determinadas cantidades o volúmenes puedan representar un riesgo para la salud. Este tipo de alimentos, no podrá comercializarse dentro de establecimientos educacionales de educación básica y media, ni a menos de 100 metros de distancia de ellos. Se prohíbe su expendio, a título gratuito, a menores de 18 años. Además, no podrán ser expendidos, distribuidos ni comercializados a cualquier título, a menores de 14, entre otros aspectos.

Por supuesto que han cambiado los tiempos desde cuando éramos niños y nuestros padres nos mandaban a la escuela aunque lloviera, temblara o tronara. Siempre con una pequeña merienda en el bolso. Una fruta, una jalea, un pedazo de membrillo, leche asada, arroz con leche o hasta un pancito tostado con mantequilla, servía para engañar un poco la guatita. En cambio ahora si a los cabros chicos no les das un Chester, Doritos, Ramitas, Papas Fritas o plata para una bebida, tremendo berrinche que te arman. A armarse de paciencia y enseñarles a los niños que las cosas saludables son las que nos hacen crecer. Se acabó el mito de aquel “gordito sanito”.

“AL MAESTRO CON CARIÑO”

viernes, agosto 15, 2008

Al interior de los establecimientos educacionales o de la comunidad educativa, no puede haber violencia. Ni física, verbal, psicológica o económica. La comunidad educativa, establecida por padres, apoderados, profesores y alumnos, no puede permitir o avalar la violencia.

Todos conocimos el lamentable caso de un profesor que humilló a una alumna, frente a otros cuarenta compañeros. El contexto, la forma, las palabras y la entonación, por todos es conocida. O quizás debiera decir, casi conocida en profundidad. Mi deber era, al conocer esta situación, informar a las autoridades y darle importancia a este problema. La importancia que le doy es por el contexto, por los dichos y por los hechos.

Muchos medios de comunicación, por el carácter que tuvo este diálogo, hicieron gárgaras faranduleras con este terrible caso. ¡Fue como bencina para apagar un incendio! Unos recrearon escenas colmadas de violencia, otros, sólo dieron a conocer extractos del audio y los menos, hasta exhibieron las calificaciones y anotaciones negativas en la hoja de vida de una alumna. Ellos, ya han juzgado a priori, a un profesor y a una alumna. Mientras, la comunidad se dividió frente a esta situación, sin que hasta el momento, se sepa el resultado de la burocrática investigación sumaria de quince días.

Lo importante, es que el profesor, en un gesto que lo ennoblece, reconoce que fue un grave error y está dispuesto a darle excusas a su alumna, a su familia y a su establecimiento educacional.

Dentro de un establecimiento, tienen que haber relaciones de respeto mutuas. Las instituciones, personas y autoridades vinculadas a la educación, deben tener posiciones más claras frente a la violencia y actuar decididamente. Porque hasta el momento, sólo se ha mostrado un doble estándar. La sociedad chilena, es una sociedad que se está enfermando con síntomas de violencia crecientes.

Una sala de clases es por esencia un lugar público. Y creo que hay un error de concepto, que lo cometen incluso, hasta abogados que inducen a error a mucha gente. Dentro de una sala de clases ¿se pueden reclamar espacios de intimidad? ¡No! ¿Pero es posible ventilar a todo Chile las notas y anotaciones de una persona? ¡No! Porque esto, sí es invadir la intimidad.

Alguien se ha preguntado ¿qué hubiéramos hecho, si esto le hubiera ocurrido a nuestra hija? O por el contrario, ¿si esto le hubiera ocurrido a un ser querido que es profesor? ¿Hubiera cambiado nuestra perspectiva de ver las cosas?

Cómo no recordar la película “Al Maestro con Cariño” del actor, Sidney Poitier, que en una escuela muy pobre de Londres, y tras un férreo rechazo de sus alumnos y donde la convivencia era realmente difícil, implementa originales estrategias de enseñanza para lograr que los alumnos se traten con respeto y puedan así, aprender.

SOY MÁS SHILENO QUE LOS POROTOS

viernes, agosto 01, 2008

Sólo siete de cada 100 jóvenes, entre 18 y 23 años podrán votar en estas elecciones municipales. Comparto el lamento por dichas cifras, pero hay que aclarar que se ha dejado de lado a la gente y a los jóvenes. Esto lleva a la gran desafección política imperante en nuestro país, con casi dos y medio millones de jóvenes que no están inscritos en los registros electorales, pues al no ser considerados de forma constante en los “planes políticos de los políticos”, se genera una carencia de identificación con lo cívico.

Pese a los discursos públicos, veo a diario que no existe un real interés por parte de la Alianza ni de la Concertación, para modificar el sistema binominal, posibilitar el voto de chilenos en el extranjero sin restricciones o la inscripción automática y el voto voluntario. Con esta seguidilla de “buenas intenciones” de la clase política de no hacer nada al respecto, cada día que pasa, se siguen construyendo distancias de exclusión. ¿De qué tienen miedo? ¿Qué la gente pueda manifestarse en la urnas? ¿Perder el poder?

El voto debe ser voluntario para todos los chilenos, porque es un acto consciente de adhesión y respaldo a una persona (candidato) que decide retribuir a su comunidad, experiencias, proyectos y soluciones a los problemas.

Soy testigo de constantes cálculos electorales, si conviene o no hacer tal cosa, de aceptar órdenes de partido y de que alguien te financie la campaña. Como niñitos de jardín que caminan de la mano. La clase política, siempre actúa bajo una lógica de polaridad y exclusión, despreciando a quienes desean entrar al grupúsculo del poder.

Debemos permitir a los compatriotas residentes en el extranjero, votar para las elecciones, ya que el sufragio de los ciudadanos chilenos, es un derecho que tenemos que consolidar. Debemos buscar transversalidad de todos los grupos durante estos procesos, dejando en el pasado, los discursos politiqueros donde prima una visión obsoleta, oscura y de desprestigio constante.

La comunidad está cansada de arreglines entre cuatro paredes, candidatos que se eligen en Santiago, que se suben y los bajan, promesas que no cumplen, descalificaciones personales, farandulización de los políticos, mala gestión, irregularidades o delitos, acuerdos con la palabra empeñada que al día siguiente se borran con el codo y, si a esto le sumamos que candidatos se molestan con militantes que votan en contra de lo que ha determinado el partido o se obligue a la gente a votar, lleva a un verdadero desastre.

Los candidatos tienen que esforzarse por tratar de conseguir el cariño y adhesión ciudadana, desatarse de las órdenes de partido, extirpando la pelea corta y la miseria humana, que se instaló hace muchos años, en la política nacional.