INNOVACIÓN: “DESPUÉS DE MÍ, EL DILUVIO”

viernes, mayo 09, 2008

Se está discutiendo, en el Congreso Nacional, la creación del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, producto de la creación del impuesto específico a la minería, el cual, apoyé y aprobé enfáticamente en dos oportunidades. Impuesto que considero de toda justicia para nuestra región, pero aún escasos.

Los recursos, que contiene este fondo, no son menores. Estamos hablando de 400 millones de dólares que van aumentando año a año y que, actualmente, se han manejado bajo un criterio inaceptable y repugnable, desde Santiago hacia las regiones mineras. (Las que producen la riqueza nacional).

Me parece relevante discutir una institucionalidad, pero tengo la impresión, que se ha actuado con ineficiencia, avanzando en un sentido equívoco. Esta inmensa dispersión de esfuerzos, que ha permitido duplicar, triplicar y elevar a la “N”, potencia esfuerzos que no producen la rentabilidad que quisiéramos desde la perspectiva del uso de los recursos. Uno pierde la memoria con la cantidad de servicios públicos, que están administrando estos dineros, como también desde la perspectiva del fruto de los mismos.

Por ejemplo, el proyecto de gestión y administración territorial, en materia de cartografía digital, hasta la fecha no ha avanzado un sólo un centímetro. No se ha cambiado en nada las políticas gubernamentales, a pesar que el Senado aprobó por unanimidad, la creación del Sistema Nacional de Coordinación de Información Territorial, SNIT. Mientras tanto, el Servicio Hidrográfico de la Armada, el Instituto Geográfico Militar, el Servicio Aerofotogramétrico de la Fuerza Aérea, siguen cobrando precios prohibitivos para quienes quieran adquirir información territorial, ya que se sigue tratando de autofinanciar instituciones por la vía de vender servicios, sobrevalorando su precio, con una lógica irracional. ¿Por qué? Porque el Parlamento, no ha logrado que el Presupuesto de la Nación, entregue el financiamiento adecuado que permita liberar esa información, que sería de gran beneficio, para el desarrollo de nuestro país.

Tenemos estructuras de análisis erradas, cuando, en realidad, la innovación y la competitividad se abordan desde una lógica sistémica, integral y multidimensional, para poder, responder con eficiencia y oportunidad. Con esta actual institucionalidad, el mínimo común denominador es ineficiencia y dispersión de esfuerzos que terminan entorpeciendo el logro de buenos resultados.

En materia de estrategia, el Congreso Nacional, no ha puesto ni una sola coma en esos documentos y no ha aportado absolutamente nada, no porque no quiera hacerlo, sino porque, no ha habido voluntad, contraparte, espacio de diálogo por parte del gobierno, y con suerte, hemos actuado como jarrones decorativos en el diseño de la gran estrategia de innovación y competitividad.

Chile va por un camino equivocado. Sigue actuando con una lógica sectorial, y cada sector con su Ministro a la cabeza. Y, “después de mí, el diluvio”.

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