“SERÁ UN INGENIERO DICE EL ABUELO”

viernes, noviembre 02, 2007

Muchos soñamos con que los hijos lleguen a la educación superior. No importa si se deben pagar altos costos económicos, personales o familiares.

La Ley sobre Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior, fue promulgada hace más de un año, lo que permitió formalizar explícitamente los esfuerzos que el país debe llevar a cabo en esta materia. Se ha dicho con insistencia que el enorme desarrollo cuantitativo que ha experimentado la educación, es reflejo de una alta demanda por educación superior, que guarda una alta correlación con el aumento del producto interno bruto. Sin embargo, la expansión de esta oferta no ha sido acompañada por suficiente calidad académica, y que muchas instituciones, carreras y programas se caracterizarían por deficientes estándares académicos, escaso desarrollo de competencias en los egresados y escasas alternativas de trabajo.

La ley mencionada, dio atribuciones a la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) para llevar adelante la práctica de la evaluación institucional, otorgando acreditación. Esta institución de carácter público y de amplia representatividad, debe ser capaz de acoger y ponderar los distintos puntos de vista que se esgriman para favorecer la acreditación de las instituciones educativas en sus dimensiones básicas de gestión y docencia. Son muchas las instituciones que se encuentran en procesos de acreditación o reacreditación, cuyos resultados se esperan prontamente.

Existen dos razones de preocupación, primero, las normas internas o el manual de procedimientos que empleará la CNA en la adopción de sus decisiones no ha sido dada a conocer, afectando, el correcto modus operandi relativo a las instituciones sometidas a su escrutinio, faltando información sobre este proceder en el contexto del proceso y de su credibilidad. En segundo lugar, la CNA aún no publicita las reglas con las que operarán las Agencias de Acreditación para el caso de carreras y programas. Esto último no sólo afecta de manera notoria la transparencia que debe dominar el proceso de acreditación –haciendo conocidos los procedimientos para seleccionar Agencias de real valer académico y efectivas garantes del espíritu de aseguramiento de calidad—sino también afecta a la eficiencia del sistema. En efecto, al ser obligatoria la acreditación de las carreras de educación y medicina, son varios cientos las que están solicitando su debido reconocimiento y están posponiendo una necesidad que pronto se hará sentir en las demandas de los propios estudiantes. La CNA debe acelerar su trabajo en pro de una explicitación de las reglas de elegibilidad para las Agencias privadas de Acreditación.

Las materias reseñadas son de importancia fundamental y llaman a un accionar decidido de la CNA, instancia de enorme importancia para el éxito de los procesos previstos en la Ley de Aseguramiento de la Calidad para la Educación Superior. El llamado es a que profundice sus esfuerzos para procurar la mayor transparencia y la oportuna explicitación de las reglas que permitan fluidez y credibilidad en un proceso que es vital para los ánimos de la República en pro de una educación de calidad y no quedarnos sólo con el sueño que nuestros hijos serán profesionales de algo que ni nosotros estamos seguros que les permitirán desarrollarse como personas.

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