¡DESPERTAR, CIUDADANOS!

jueves, noviembre 29, 2007

La política es una actividad que desde siempre fue considerada virtuosa y el más alto honor al que podía aspirar un ciudadano, sin embargo, progresivamente se ha transformado en un estigma que cada día aleja a más gente.

El descrédito de la política y los políticos, surge por las disputas de liderazgo, especialmente cuando se practica la demagogia, el cohecho político-electoral, buscando exposición pública o mejores posicionamientos en las encuestas de opinión, a cualquier costo, incluso desprestigiando infundadamente a las personas.

Se ha deshumanizado la función pública, la conceptualización intelectual y la actividad ciudadana. Aquellos que vociferan democracia, libertad, espacio, tolerancia y participación, representan sólo centralismo, egoísmo, sectarismo, clasismo y elitismo.

Los partidos políticos se han transformado en claustros donde se toman decisiones sesgadas de valores y principios trastocados con la decencia y la humanidad. Se ha perdido la identidad, doctrina y se ha tornado molesta la convivencia en su interior, bajo actitudes poco integradoras.

La política nacional y el gobierno, siguen moviéndose en ejes de izquierdas y derechas, con visiones polares, excluyentes y con creciente individualismo. Mientras, en el mundo, se han abierto matices, nuevas formas y espacios de participación, surgiendo la sociedad civil, para equilibrar esta ecuación de gobernabilidad, que muchas veces convoca una gran diversidad de intereses con gran transversalidad política.

El ciudadano no quiere ceder su papel protagónico en la determinación de políticas públicas a ningún otro actor, reclama ser considerado y respetado. No nos sentimos parte de una realidad, ni de un proceso. Marchamos en hileras camino a la incertidumbre, pero a su vez, reclamamos protagonismo para resolver necesidades y dar respuesta a carencias regionales. Es necesario asumir una postura, pero desde nuestra realidad y nuestra mirada.

La gente demanda un sistema en el que se tenga algo de control, reclamando mayor participación e incidencia en el ámbito público, que se ve hegemonizado por las decisiones políticas centralistas que parecen incapaces de equilibrar el acceso a los beneficios, para todos, con una real igualdad.

Un Movimiento Ciudadano debe convertirse en una corriente política renovada y con fuerte arraigo local que, cautele atenta y permanentemente, los diversos intereses de la zona, inquietudes y sueños más cercanos de la comunidad. Entenderemos esta entidad, como una alternativa pluralista, dinámica, acogedora, con plena autonomía resolutiva y por sobretodo, con un alto grado de sensibilidad, conciencia, coherencia social y sin exclusiones.

Este movimiento, se convertirá en un canal de acción política que permita que los habitantes de nuestra zona, se sientan más protagonistas de los destinos de la región y el país. ¡A despertar, ciudadanos!

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