¡A CUIDAR EL TATIO SEÑORES!

viernes, octubre 19, 2007

Los hermanos de las comunidades indígenas han manifestado su descontento y rechazo a la instalación y explotación de fuentes de energía por parte de la empresa Geotérmica del Norte S.A. constituida por Codelco y Enap. Dos empresas estatales con una alta responsabilidad social empresarial.

Pero ¿dónde se encuentra esta supuesta responsabilidad social empresarial?

Creo que nuevamente estamos frente a un caso donde la comunidad es la última en enterarse de aquellos proyectos que los podrían perjudicar o beneficiar. Una de las muchas cosas que he aprendido de la vida, en mi trayectoria pública y política, es que los intereses económicos, nunca pueden estar por sobre los intereses de nuestra naturaleza y nuestra cultura.

¿Cómo estas empresas que pretenden explotar energía geotérmica, para alimentar un nuevo proyecto minero, explicarán los reales alcances de esta iniciativa? ¿O seremos nuevamente mudos testigos de la destrucción de nuestro entorno milenario?

Esto no es nuevo, ya ha pasado con el Río Loa, el más largo de Chile, que ahora sólo lleva vestigios de agua. El arte rupestre destruido por empresas mineras o el olvido que también le hemos dado a nuestras tradiciones nortinas.

El pueblo de Atacama merece respeto y cada proyecto o actividad debe ser con, por y para la comunidad. O acaso estas empresas alguna vez se preguntaron qué pensará el Movimiento por la Defensa del Agua y Vida en Atacama, el Consejo Nacional del Pueblo Lickan Antai, el Consejo de Pueblos Atacameños, la Confederación de Pueblos Originarios, la Red Likanhuasi, la Asociación de Guías y Choferes de San Pedro de Atacama, la Comunidad de Toconce, Caspana o Machuca. ¿Alguna vez los altos ejecutivos de estas empresas, conocieron el esfuerzo por mantener viva las tradiciones y fiestas. El sacrificio eterno por sobrevivir plantando unas pocas verduras, caminar kilómetros para agradecer a la Pachamama o sobrevivir en altas temperaturas de día y bajas en la noche?

El pueblo de Atacama la Grande y Alto Loa, conoce su territorio y no sólo el Estado, debe velar por el cuidado de la biodiversidad y el patrimonio turístico y cultural. Cada uno de nosotros también es responsable de transmitir este sentimiento y nuestras tradiciones. A muchos se les olvida que en el norte de Chile, el agua y la energía, valen más que el propio cobre que se extrae de las entrañas de la tierra.

La preservación de los Geyser debe ser una prioridad, no sólo a través de una linda foto junto a las fumarolas que poco a poco se van apagando. Y a los altos ejecutivos de estas dos empresas estatales, sólo me resta decirles.


¡A cuidar el Tatio señores!

CHUQUI PATRIMONIO MUNDIAL: ¿ESTAMOS PREPARADOS?

viernes, octubre 05, 2007

La declaración de una ciudad como patrimonio, convierte a ese espacio en un legado, no sólo para quienes habitan en él, sino para toda la humanidad y obliga al país al que pertenece, a incrementar recursos económicos con el fin de conseguir su protección, defensa y preservarla a través del tiempo.

Una de las ventajas que supone la calificación de una ciudad como patrimonio, es su reflejo en la promoción turística tanto nacional como extranjera. Los chuquicamatinos, calameños, nortinos, en fin todos los chilenos, ¿estamos preparados para que nos declaren “patrimonio de la humanidad”?

Hay mucha expectación social e interés local y regional por tratar de conseguir esto, pero, ¿qué realmente hemos hecho por nuestras actuales ciudades? ¿Hemos sabido valorar nuestro actual patrimonio histórico y cultural, nuestros recursos naturales, nuestras tradiciones y memoria histórica, hemos recorrido nuestra región en vez de salir de vacaciones a otros lugares más atractivos o exóticos, conocemos realmente cada rincón de nuestras ciudades o siempre hablamos de lo bonito que tiene tal o cual país, le hemos contado cada historia de vivencia y sufrimiento de quienes han hecho región, a nuestros hijos?

Una ciudad la construyen las personas valorando lo que se tiene y se ha heredado, y así mismo, lo que se mantiene por los años, conservando tradiciones ancestrales, culturales e históricas. ¿Les hemos enseñado a nuestros hijos, a quienes nos visitan y a nosotros mismos, a no botar basura en nuestras calles, ni rayar las paredes de cuanta casa o patrimonio arquitectónico nos rodea, hemos defendido la naturaleza que nos acoge, hemos hablado bien de nuestras ciudades, alguna vez llevamos a nuestras casas algún “recuerdo” del patrimonio que hoy adorna nuestro living o jardín y hasta se nos olvida que existe, o es que recién con el cierre de Chuquicamata, comenzamos a valorar lo que alguna vez tuvimos?

Si con los pocos recursos económicos que nos “devuelven” o que “alcanza”, después que miles de trabajadores han rasgado la tierra para exportar el sustento de un país completo y nuestras familias han sufrido por vivir en las ciudades más cara de Chile, ¿sabremos aprovechar los recursos que la autoridad designe para cuidar nuestro anhelado patrimonio de la humanidad?


No sólo hay que seguir manteniendo viva nuestra identidad y tradiciones que generación tras generación se han transmitido, debemos cambiar nuestra concepción del entorno que nos cobija y respetar a quienes también tenemos como vecinos, aprender a querernos y valorarnos por lo que cada persona hace y piensa y no por lo que tiene u ostenta. Sólo así podremos estar preparados para enfrentar la responsabilidad de testimoniar lo que se vivió en cada rincón, intercambiar recuerdos y valores que nos hacen más humanos y ser un ejemplo concreto de amor y constante preocupación, por lo que actualmente tenemos y no arrepentirse de lo que alguna vez tuvimos.