ES MÁS CARO EL CALDO QUE LAS ALBÓNDIGAS

viernes, junio 29, 2007

La iniciativa del Gobierno de la Concertación, de subsidiar los pasajes a los santiaguinos, es un atropello a la fe pública, a los derechos que todos los chilenos tenemos frente a las mejoras de las condiciones de la carestía de los productos.

Al norte nunca se le ayuda, nunca he visto que se le entregue a la gente subsidios para los pasajes en micro o colectivo, ni descuentos en impuestos para palear las alzas que constantemente estamos acostumbrados a vivir a diario. En la región pagamos el agua, la energía eléctrica, los arriendos, la bencina, el pan, la leche y las verduras más caras de Chile y nunca he visto una disposición real y voluntad política para solucionar este grave problema.

El Gobierno nuevamente ha equivocado el rumbo, porque nos han prometido que financiarán obras públicas y de conectividad, con la “vuelta de mano” de estos 290 millones de dólares, o en chileno, 153 mil millones de pesos aprobados por los parlamentarios oficialistas. Con esta cifra sideral, terminaríamos, de la noche a la mañana, con todos los campamentos del país y erradicaríamos, definitivamente y no como prometió Lagos, con la indigencia y la pobreza.

Las autoridades nos prometen proyectos que debe hacer por obligación el MOP. Pero no todo es color de rosa, porque esta plata que llegue a la región, unos tres mil millones de pesos, la tendremos que devolver el próximo año. Voté en contra de aprobar los recursos para Santiago, porque a mi gente nunca se la ha entregado algún beneficio. Se nos da de apoco y se nos quita a manos llenas. Soy un convencido que nuestra región se ha transformado en un botín de guerra o en el slogan de una tienda. “Llegar y llevar”.

Esta situación se ha tornado insostenible con el tiempo. Los nortinos pagamos por un kilo de pan cerca de mil pesos, las bencinas a 680, el litro de leche a 670 y el kilo en polvo, a cuatro mil.

Cuando a la agricultura del sur le cae una helada, el gobierno corre con subsidios y ayuda económica. Cuando se les muere el ganado, se traen fardos para alimentarlos, cuando al bosque lo invade una plaga todo Chile no duerme pensando en ellos. Mientras que a las familias nortinas que viven con el mínimo, deben subsistir endeudadas y truncando sus sueños de vivir sólo con una taza té y un trozo de pan pelado.

Al final del día pienso que es una especie de castigo vivir en el norte, porque para las autoridades centralistas, Chile llega sólo hasta La Serena y a nosotros, porque así nos tienen, los ciudadanos nortinos de tercera categoría, que produzcan y trabajen harto para que otros, que nunca somos nosotros, disfruten la cosecha. Mi abuelita siempre me dijo: Mijito es más caro el caldo que las albóndigas.

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