EL TÉ ME GUSTA SIN AZÚCAR

jueves, abril 05, 2007

Las bandas de precio nacieron para proteger los productos y los bolsillos de los agricultores. Por eso pagamos el aceite, el azúcar y el trigo más caro y por añadidura las frutas y verduras más caras de todo el país.

Un kilo de azúcar cuesta entre 450 y 520 pesos y si no existiera este sistema de subvención, ese mismo kilo costaría 350. Esto nos da una idea del costo que tenemos que pagar todos los que vivimos el día a día. 100 pesos adicionales, sin considerar el sobreprecio que hemos pagado durante muchos años, por miles de productos que ocupan azúcar como insumo.

Estas bandas, están lejos de ser un mecanismo estabilizador de precios y funcionan como un sistema proteccionista. La mantención indefinida de las bandas de precios nos sigue generando dificultades con todos los países con los cuales tenemos acuerdos de libre comercio, por lo cual nuestras exportaciones se arriesgan a ser penalizadas con sanciones comerciales. Si las bandas se eliminan, eso significaría un beneficio neto para la gente del norte.

En Antofagasta resultaría más económico utilizar trigo, aceite y azúcar desde el norte de Argentina, productos más baratos y de mejor calidad, pero porqué no ocurre esto. Simple. Además del proteccionismo económico que entrega el Estado a los agricultores, la clase política del sur de Chile, además los protege porque éstos los ayudan a financiar sus campañas políticas.

No es justa esta competencia que en ningún momento vela por establecer y fomentar la competitividad. Tenemos una economía global de mercado, demasiado bien administrada por la Concertación pero sin embrago, tan injusta con la gente más humilde.

Pero pareciera que a nadie le importa lo que sucede con las familias del norte, y ya es hora que se eliminen las garantías que se dan a los agricultores en perjuicio de otros compatriotas, que por añadidura, aportan mucho más que ellos a la economía nacional. Se habla mucho de igualdad de oportunidades pero aquí estamos apreciando claramente una grosera discriminación.

No sólo los agricultores reciben ayuda Estatal a través de las bandas de precios, sino que también se entregan recursos cuando ocurren inundaciones, incendios, plagas y sequías.

Las autoridades capitalinas piensan que cada familia nortina vive encima de una mina de cobre, donde se derrocha dinero. Pero son estos mismos los que se sorprenden cuando nos visitan y se caen de espaldas cuando tienen que pagar por un kilo de palta mil 700 pesos, un racimos de uva a 890 o los limones a 750. Nos dicen que los precios son justos y suben debido a la escasez de agua, el alza en el precio del fertilizante, la mano de obra del agricultor que sacó la verdura, el que la limpió cobro el resto, el que la subió al camión también hace lo suyo, el que la transportó hasta el norte es el que pega el tremendo palo, el peaje de las concesionarias, el aumento en el precio del petróleo, los repuestos y los neumáticos del camión y por último la comisión que cobra el casero de la vega. Menos mal que el té, me gusta sin azúcar.

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