TELEVISIÓN DIGITAL: ¿MEJOR TV?

viernes, noviembre 17, 2006


Antes de fin de año, Chile deberá tomar la determinación de elegir el formato técnico que regirá a la señal televisiva, (norteamericana, europea o japonesa). Este apagón digital, consistirá en un período en que la población cambie sus receptores análogos, con el alto riesgo de que el millón de personas que han adquirido un televisor de plasma o lcd, se queden obsoletos, tras la puesta en marcha de la nueva modalidad.

Pero ¿qué significa esto? ¿televisión con mayor contenido?. Eso está por verse, pero en lo que si estoy seguro, es que será segmentada y con una variedad de frecuencias similar al TV cable o a la satelital, pero gratis y bajo la frecuencia televisiva abierta. Una oportunidad para todos y no sólo para quienes pueden pagar un servicio televisivo privado. Sin duda habrá una disminución de la brecha digital y tecnológica, que permite a las generaciones más adultas, poder a través del control remoto de su receptor, usar la interactividad que ofrece esta nueva tecnología.

La otra será una diversificación del contenido programático de la televisión chilena, hasta ahora concentrada en un pocos canales cuya oferta es muy similar. La implementación de un método digital permitirá que la oferta de siete canales de televisión abierta actualmente en funcionamiento, aumente a 48 señales, que generarán una rotativa de contenidos más amplia.
Pero el gran desafío para mejorar la televisión en Chile, son sus contenidos que a diario llegan a miles de familias en todo el país. Y esto se debe a la baja calidad y mediocridad de sus programas, que no aportan al bien común, ni tampoco a los valores que les debemos entregar a nuestros hijos. Sin embargo, ampliando este espectro, permitirá que el pluralismo y la diversidad se expresen de manera explicita para que la población pueda elegir los contenidos que quiere ver y no estar obligados a someterse a la moda televisiva del momento.
Así como en el espacio físico se exige que la interacción y la convivencia se orienten en función de criterios de democracia, hay otro espacio donde no existe ni la más mínima orientación democrática y es en el ámbito de la televisión. Porque allí la existencia o no existencia depende del interés comercial, del interés editorial o del interés político del dueño o del editor del medio. Ahí sólo tiene espacio quien es funcional a esa línea y desaparece el que no se enmarca dentro de ella.

Eso me parece muy relevante porque, efectivamente, lo que enseñan Piaget y Vigodsky es que el individuo entiende, aprende y percibe en función referencial con su entorno. Así, un niño criado en un ambiente de violencia, de vulgaridad, de excesivo erotismo, en su mapa o estructura mental entiende que ése es su entorno.

En Chile no sólo se está viviendo la brecha digital, o sea, la del uso o no de Internet, igualmente existe la brecha mediática, es decir, los sectores más acomodados pueden acceder a una mejor oferta televisiva, a programas más educativos, de contenido más rico; y la gente más humilde, más pobre, a una televisión de mala calidad, de malos contenidos y que, en definitiva, proyecta una serie de antivalores.
En la Internet, sin embargo, la situación es la inversa. Hay multiplicidad de espacios y de oportunidades para que cada individuo participe y pueda interactuar con otros con entera democracia. Esto no ocurre en el mundo mediático.

En otras épocas, en particular en la era agraria o en la sociedad industrial, el mapa mental del sujeto, su formación, su estructura cognitiva, dependían fundamentalmente de lo que escuchaba, y en instancias posteriores, de lo que leía. Hoy, las personas, desarrollan su mapa cognitivo en función de múltiples elementos que son parte de un metalenguaje que cada día converge con mayor velocidad hacia la expresión del video, el audio y los datos, (vistos en su conjunto, en un sólo espacio, en una sola dimensión, que es el mundo digital).

En consecuencia, siguiendo la lógica de los psicopedagógos, el mapa mental de las nuevas generaciones efectivamente da cuenta de la falta de capacidad para leer en forma adecuada. Y pronto, en muy pocos años, vamos a percibir con claridad –y los actuales estudios ya muestran que nuestros niños, jóvenes y adultos no entienden siquiera las indicaciones de una receta para preparar una mamadera-, porque existen ­dificultades de orden lingüístico. La semántica está cambiando, producto de esta revolución y de la inadecuada comprensión de esos problemas. Por tanto, se produce allí una falencia en el mapa mental de los individuos que me parece relevante destacar.

Las políticas públicas no pueden permanecer ajenas a tales situaciones, pues, sin duda, el relativismo ético y el relativismo valórico, comienzan a ejercer presión sobre la estructura de los sujetos y a marcar tendencias bastante preocupantes.

En el ámbito educacional, suscita gran inquietud la violencia al interior de los establecimientos. Me pregunto: ¿qué sorpresa puede haber en ello si la estructura mental del individuo y su marco referencial con el entorno configuran una relación de exacerbada violencia?

Y la cultura light, la falta de espacios -que la gente, por fortuna, ya está reclamando en encuestas de opinión o en la misma calle-, son, asimismo, aspectos dignos de ser considerados.

Otro tanto ocurre con el vocabulario. Basta leer hoy las interacciones en los apuntes de nuestros jóvenes para comprobar que existe un desarrollo semántico enteramente nuevo, incomprensible para la gente formada en la sociedad industrial, donde la interacción tenía una dimensión muy distinta. Por consiguiente, hay un enfoque semántico diferente por completo en la interacción gestual y comunicacional de los muchachos.

Otro elemento preocupante en el informe se refiere al tema de la sexualidad. En verdad, existe un relativismo ético que alcanza hasta a los canales de televisión que dicen tener una concepción religiosa, algunos incluso católicos. En ellos se exacerba el relativismo sexual, con un enfoque utilitario, con una visión degradada del ser humano que me llama la atención porque no guarda ninguna relación con la coherencia que se espera de canales con inspiración religiosa, en especial en la fe católica.

Por otra parte, la dimensión de las minorías étnicas constituye un problema que recurrentemente se plantea en los programas de televisión. Yo diría que se está llegando al extremo de sobredimensionarlas, de darles un protagonismo exagerado. Ya es habitual escuchar a personas que dicen: "¡Cómo es posible que el sector homosexual tenga una expresión tan profusa en los distintos espacios televisivos!", sin que ello, por cierto, envuelva una posición homofóbica. Simplemente, se trata de hacer notar una desproporción en el campo mediático que no se condice con la realidad. Cabe mencionar también la vulgaridad y el erotismo.

En fin, todos esos elementos merecen ser estudiados, en una interacción del mundo político con los técnicos y los académicos, para llegar a un análisis sistémico, integral, multidimensional, que permita sacar conclusiones relevantes y establecer proposiciones, acerca de cuál es la televisión que queremos.

La vivencia del individuo en el espacio mediático y también en el digital, está generando una situación que a corto plazo constituirá una cuestión de Estado y se expresará en la salud pública. El gran problema que se observa en la juventud y la infancia chilenas es el sedentarismo, el cual, a su turno, se traduce en obesidad. Y no es necesario ser muy versado en ese campo para entender que ambos factores generarán en muy pocos años, como expertos ya lo han consignado, enfermedades que surgen como consecuencia: las que tienen que ver en el ámbito físico y mental del individuo.

En algún instante el Parlamento, y en particular el Senado, deberá pronunciarse respecto de las mediciones de la programación televisiva: del people meter, y en especial del que se realiza on line y que va exacerbando, a veces, una expresión de la explotación de la vulgaridad o de algunos otros extremos, precisamente en función de la sintonía de cada uno de los canales.

Tres horas de televisión, promedio, en los hogares lo estimo un antecedente digno de tener en cuenta.

Es normal que los padres pasen fuera del hogar porque trabajan, porque intentan llevar el sustento, porque se esfuerzan por aportar a la economía de la familia. Y, en consecuencia, esos niños se hallan más abandonados a la suerte de lo que exhiba un espacio mediático.

Además, de alguna manera la situación expuesta se está expresando en la cultura organizacional que se observa en el país. Especialistas importantes, muy destacados incluso a nivel nacional y que son expertos en programación neurolingüística, en gestión del conocimiento, en cultura organizacional, como Humberto Maturana, Varela o el mismo Senador Fernando Flores, reiteradamente hacen referencia a esos aspectos en el sentido de que el individuo es lo que hace su entorno. Porque se halla inserto en un ethos, que es el entorno físico, cultural, emocional, etcétera. Ello, finalmente, es lo determinante de su ética. Y me parece que aquella que se está observando hoy al menos merece una reflexión estudio y análisis acabado del Parlamento.

1 comentarios:

Francisco L. dijo...

¿Entonces qué espera para elaborar algún proyecto de ley que pretenda revertir estas preocupantes situaciones?

Saludos.