MUROS QUE NO HAN SIDO DERRUMBADOS

viernes, septiembre 22, 2006


Después de 17 años de retorno a la democracia, parece oportuno evaluar el estado de las cosas. ¿Cómo ha evolucionado el discurso nortino, las vocerías y liderazgos regionales? ¿qué ha pasado con el desarrollo regional? ¿cómo es la distribución del ingreso? ¿cómo avanza la descentralización y la regionalización? ¿tenemos algún avance en materia de autonomía financiera? ¿podemos impulsar y asegurar la sustentabilidad de nuestro desarrollo? ¿Cómo han evolucionado las disparidades regionales? ¿Cómo se distribuye el poder?. Tantas interrogantes que asaltan las inquietudes intelectuales.

Como contradicción, Santiago muestra la opulencia de su progreso, mientras nuestras ciudades tienen estándares de comunidades de países subdesarrollados. Esto último, está constituyendo un fuerte acicate para levantar reivindicaciones frente a la injusticia e inequidad, lo que hace necesario dar un nuevo paso para alzar un fuerte discurso regional con actores y liderazgos que tengan caja de resonancia frente al país. Está resurgiendo el “pionero espíritu nortino” de los grandes pro hombres que, en el pasado, marcaron historia y generaron las condiciones para promover el desarrollo de nuestro norte. Ello exige la unidad, generosidad y espíritu solidario en torno del superior interés de la gente de nuestra región, tal como lo hemos venido haciendo, desde varios meses, junto al Senador José Antonio Gómez.

Conmovido por mi convicción de que el norte esta siendo esquilmado por el centralismo agobiante de la Región metropolitana, que actúa como “hoyo negro”, tragándose la energía y recursos que aporta el norte. Inquieto y con cierta vergüenza interna por las grandes inequidades, que golpean con rudeza al observar la inmensa ingratitud con Calama, o al visitar a la gente más hermosa del norte, la alicaída y sufrida Tocopilla, o la postergación de la limpia y digna comuna de Taltal, que lucha por subsistir casi sin soportes económicos; me di a la tarea de llamar y pedir ayuda a la vieja guardia. Aquellos que acumulan vivencias y experiencias políticas, amigos muy queridos que reaccionaron con entusiasmo, emoción, llenos de energía y convicción. El primero y más entusiasta en levantar un nuevo movimiento nortino, ha sido el luchador firme y corajudo Jonás Gómez Gallo, depués fue Juan de Dios Carmona y luego, Juan Luis Maurás. Motores llenos de energía y convicciones, empujadores de situaciones, verdaderas conciencias regionalistas, que nutrieron nuestro espíritu de visiones de futuro, desde la fundación sólida de las vivencias pasadas.

La primera conversación fue dura, energizada, comprometida y potente, les reclamé “¡Si quieren que en esta posta cívico-política tome el testimonio senatorial, para llevarlo hasta la próxima estación, primero deben entregármelo, denme su testimonio, entréguenme sus visiones! ¡tengo todo el interés y compromiso de nortinidad que ustedes reclaman, pero la historia cívica, democrática tiene una generación perdida!.

¡Debemos construir puentes, que permitan entregar testimonios!. Me parece una buena analogía de esa situación, el imaginar un muro que dividía la historia, que impedía la comunicación franca, la construcción de confianzas y espacios en el que surge la colaboración. Han caído algunos muros, pero todavía hay muchos que no han sido derrumbados.

DEFENSORES DE LOS DERECHOS DEL PUEBLO

miércoles, septiembre 13, 2006



Chile se reencontró con la democracia en el año 1990, sin embargo, la convivencia nacional muestra aún profundas divisiones, el diálogo político no existe, las confianzas se observan debilitadas, los espacios de colaboración son escasos y no han tenido la normalidad, fluidez y transversalidad que resultarían deseables.

Recurrentemente se repiten episodios de violencia, intolerancia y desencuentro, hay sectores políticos que siguen promoviendo una cultura del odio y cobijan grupos que predican y practican la anarquía. Nuestra sociedad muestra indicadores de disfuncionalidad conductual de sectores que se sienten marginados, que no han superado los traumas del pasado, una inconsecuencia estructural, justifican sus acciones por principios democráticos que claramente no respetan.

Se muestran como defensores de los derechos del pueblo y en cada incursión pública destruyen la propiedad pública, dicen ser aladides de los derechos humanos y no trepidan en usar la violencia y su más recurrente argumento es la bomba Molotov. Los sectores democráticos que aman la sana convivencia nacional deben comprometerse con acciones que denoten la deseable amistad cívica entre los actores de las diversas tendencias y sensibilidades.