¿PRIMACIA DEL MERCADO SOBRE EL ESTADO?

jueves, abril 06, 2006


Algo pasa en el Estado, sujeto y objeto por excelencia de la acción política, los pensadores contemporáneos traten erráticamente de caracterizarlo: Estado Posmoderno (R. Cooper), Estado red (M. Castells), Estado Catalítico (M. Lindt), Estado transnacional ( U. Beck), Estado posheroico (H. Willke), lo que muestra su mutación y creciente incapacidad para ejercer su rol valiéndose de sus mecanismos tradicionales. La interrogante es si su debilidad será permanente o si está ocurriendo una redistribución del poder entre el Estado, el mercado y la sociedad civil. Como sea lo concreto es que el Estado es el articulador del sentido de comunidad, lo contrario implica poner en cuestión el concepto tradicional de “sociedad”.

En la globalización, con empresas multinacionales, capitales móviles, mercados globales, redes mundiales de comunicaciones, la regulación estatal de la economía es imposible, el Estado no tiene posibilidad de limitar la libre competencia. Pero, vale una reflexión sobre el tema. Más aún, cuando con el derrumbe del comunismo se planteo “El Fin de la Historia”, el despliegue global y sin contrapeso del modelo neoliberal, con sus dogmas doctrinarios, mercados desregulados, elecciones libres, Estado pequeño, un modelo de prosperidad económica para todos, paz mundial y plena libertad política. Sin embargo, la cruda y violenta realidad global muestra que algo anda mal.

Como puede parecer jactancioso o despertar sospechas de vana intelectualidad el que un simple actor de la política criolla insista en poner en tela de juicio esa verdades reveladas del modelo neoliberal, parece oportuno recurrir a lo expresado por el guru del liberalismo económico e influyente politólogo, asesor del Departamento de Estado de EE. UU, Francis Fukuyama, doctor en Ciencias Políticas en Harvard y profesor en la universidad Johns Hopkins de Washington, quien ha replanteado la tesis del rol del Estado. En su ultimo libro “La construcción del Estado”, argumenta que los Estados débiles son la causa de casi todos los grandes males de la sociedad contemporánea, a saber: marginalidad social, pobreza, guerras fundamentalistas, terrorismo en la periferia de grandes metrópolis, narcotráfico, inseguridad social y pandemias como el Sida, etc., lo que hace urgente fortalecer el Estado, lo que constituye un giro deseable. No se trata entonces del tamaño del Estado, sino de su capacidad, su empoderamiento y efectividad para actuar con eficiencia y oportunidad.

El Estado ha variado significativamente, sus características tradicionales han mutado, ya no se considera la estricta división entre el ámbito público y el privado, emerge la sociedad civil que reclama su protagonismo, ha variado el alcance de su dimensionalidad espacial o territorial, se ha erosionado su autonomía y capacidad soberana tradicional. El dilema no es discutir si más o menos Estado, sino ¡que se quiere otro tipo de Estado! Entretanto su debilitamiento, sin que surja un elemento que morigere la primacía del mercado puede dar lugar a la discrecionalidad de los actores privados.

Evolucionamos desde un Estado eminentemente legislador hacia un Estado principalmente administrativo o de prestaciones, constituyéndose en el refugio de los postergados o temerosos de la sociedad, donde se practica la solidaridad institucionalizada.

La ciudadanía comprende que cada vez somos más directamente afectados por decisiones políticas tomadas en el otro extremo del mundo, un proceso de tecnocratización, expresado en que un número creciente de decisiones emergen desde el insensible escritorio de tecnócratas, lo que a determinado que la economía y la sociedad como un todo se han escapado al control directo de la política centrada en el Estado. La demanda es un sistema en el que tenga algo de control, reclama una mayor incidencia en el ámbito público que se ve hegemonizado por las decisiones del mercado y una clase política que parece incapaz se equilibrar el acceso a los beneficios de mercados generalmente autorregulados y competitivos de la sociedad global.

Francis Fukuyama señalaba que el triunfo de uno de los dos modelos en conflicto (capitalismo versus socialismo) resucita el problema del modelo. Rotas las fronteras ideológicas y aclarado el modelo que se impone, no hay ninguna razón para que continuemos con nuestras inercias. Nuestra acción política ha enfatizado la defensa del modelo, cuestión absurda cuando ha sido asumido por la Concertación de centro izquierda. Peor aún, nuestros adversarios derrotados ideológicamente se alzan triunfantes políticamente en cada desafío electoral, lo que nos obliga a reconocer que nuestro propio proceso de adaptación al nuevo escenario ha sido pobre, en cambio la adaptación de los derrotados socialistas no pudo haber sido más exitosa.

2 comentarios:

Rodrigo Malandre dijo...

Senador:

Me opareció muy interesante su artículo y quisiera hacer algunos comentarios al respecto:
1) El reclamo de protegonismo de la sociedad civil en Chile fue bien descrito por Eugenio Tironi en su libro "La irrupción de las masas u el malestar de las elites". En él, Tironi plantea que la primacía del mercado ha traslado gran parte de la influencia sobre la vida cotidiana desde las decisiones estatales, a las decisiones individuales. En el contexto del Chile del Desarrollo Económico acelerado (1985 - 2006) los ciudadanos han entendido que su propio esfuerzo incide directamente sobre sus ingresos y el acceso a bienes materiales, mientras el Estado ha perdido poder para solucionar problemas o mejorar directamente la calidad de viuda de las personas. lo anterior ha tenido efectos fuertes relacionado como aumentar el sentimiento de incertidumbre respecto del futuro, desincentivar la participación política, etc.
2) El gobierno de Ricardo Lagos y probablemente el de Bachelet se han inspirado en lo que se ha llamado la Tercera Vía y de acuerdo al pensamiento de Anthony Giddens, este se basa en entregar la inciativa económica a los privados, pero establecer regulaciones a su funcionamiento, por un lado, y crear redes de protección social. por lo tanto, si bien se ha impuesto un modelo económico basado en libertad en Chile hemos sido y estamos siendo testigos del robustecimiento de un Estado que aumenta las cargas tributarias a la clase media (contribuciones, I.V.A.) y plantea regulaciones para el funcionamiento de las empresas y el mercado laboral que rigidiza la estructura económica de nuestra sociedad y va poniendo trabas al desarrollo de la clase media y a las PYMES.
Por ende, si bien, la Concertación ha adoptado el modelo, también lo ha adecuado aprovechando el sentimiento de incertidumbre de la población para generar promesas de protección y justicia social, que si bien, son necesarias para los más necesitados han ido creando estructuras burocráticas, rigidizaciones laborales y cargas impositivas que poco a poco van minando nuestro potencial de desarrollo.

consultas dijo...

Muy buenos los articulos y me gustaría comentarlos en consultajuridica.blogspot.com
Que te parece?
Saludos Rodrigo González F