CLUSTER MINERO: II REGIÓN

viernes, septiembre 02, 2005


La idea del desarrollo de las sociedades que predomina en la actualidad ha cambiado sustancialmente con lo que era hace apenas una década. De la preocupación exclusiva por el aprovechamiento de las ventajas estáticas, comparativas de los países o territorios, se ha pasado a enfatizar la importancia de la capacidad que demuestran los agentes económicos para relacionarse y coordinarse con el fin de agregar valor a su desempeño individual. Es lo que se conoce como ventajas competitivas, en el marco de un desarrollo endógeno a espacios territoriales específicos, que actúan desde la lógica de redes físicas y digitales.

Su premisa es que la suma del valor generado por cuatro empresas que operan aisladamente en el mercado es menor que la suma de cuatro empresas que operan interrelacionándose de forma positiva entre ellas. Estamos, por tanto, ante una perspectiva en que la competitividad es medida en razón de la capacidad de articular mecanismos de intercambio que reduzcan los llamados costos de transacción o costos no ligados directamente a la producción, sino aquellos que deben asumir los agentes económicos al relacionarse con sus pares. Estos serían, por ejemplo, el costo de adquirir la información necesaria para la toma de decisiones, el costo de medir los atributos físicos y legales involucrados en el intercambio o el costo del cumplimiento de los compromisos entre las partes. Ahora bien, ¿cómo desarrollar y fortalecer estas ventajas competitivas?

Es aquí donde toma fuerza la idea de Cluster. Por tal se entiende a un proceso de encadenamiento productivo, de sinergias fruto de las capacidades de asociatividad de todos los agentes económicos que directa o indirectamente están vinculados a un sector productivo en una región o grupo de regiones, para generar competitividad. Pero resulta equivocado circunscribir la idea de Cluster a aspectos exclusivamente económicos, ya que la estructura de relaciones de un Cluster se proyecta hacia el conjunto de la comunidad en el que se desarrolla, generando externalidades positivas (o negativas) en todos aquellas componentes sociales que permiten cimentar las bases del desarrollo sustentable en un determinado territorio.

Ejemplos exitosos de Cluster pueden ser encontrados alrededor de todo el mundo desde hace varias décadas. El más conocido es el Cluster generado en el Silicon Valley en California, USA, en torno al sector de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). Otros casos relevantes son el Cluster del sector textil en la región del Veneto, Italia, el Cluster de la industria de la cerámica en Castellón de la Plana, España, o el Cluster del sector vitivinícola en Bourdeaux, Francia. Todas las experiencias mencionadas comparten entre el protagonismo y liderazgo de los principales agentes económicos del territorio en la gestación y desarrollo de un círculo virtuoso de relaciones con el resto de agentes económicos, autoridades de gobierno, instituciones académicas, organizaciones sociales y, en términos generales, el conjunto de actores de la comunidad en la que se encuentran insertas.

Chile no es ajena al empeño de desarrollar Clusters desde una doble perspectiva productiva y social. Uno de los más difundidos es el conformado con apoyo estatal por las salmoneras e industrias relacionadas con el sector en la región de Los Lagos y Aysén.

Al enfocar nuestra atención al sector minero de la II Región, es de justicia reconocer los logros alcanzados a la fecha en gestar un proceso emergente de encadenamiento productivo entre los agentes económicos y de lazos de compromiso social hacia la comunidad. Estamos avanzando hacia una región que se proyecta hacia una riqueza más permanente basada en la posesión de la tecnología y el conocimiento know-how relacionada con el sector. Sin embargo, debemos ser francos y aceptar que el camino por recorrer es mucho mayor que el camino recorrido y que, por tanto, los desafíos hacia futuro comprometen nuestra inteligencia, ingenio y conocimientos en desarrollar y madurar una institucionalidad que estructure y haga sustentable nuestros encadenamientos regionales, tanto en su dimensión productiva como social.

No hay ninguna hoja de ruta que nos guíe con certeza hacia dónde debemos focalizar nuestros esfuerzos en la meta del desarrollo del Cluster. Podemos tomar prestadas y evaluar la idoneidad de algunas experiencias exitosas en otras latitudes. Pero las particularidades propias de la II Región, como la de cualquier otro escenario territorial, nos obligan a dialogar para confrontar nuestras distintas visiones de desarrollo regional y a construir consensos con los cuales estructurar una agenda de trabajo que recoja todas las inquietudes y, por tanto, sea aceptada por todos aquellos que desde nuestros diferentes roles nos sentimos comprometidos con el desarrollo regional.

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